A pesar de que hasta el día 21 de junio no entraremos oficialmente en el verano, son muchas las piscinas que están ultimando su puesta a punto y algunas otras están ya en pleno funcionamiento. Por este motivo, he considerado oportuno hacer una breve referencia a la normativa por la que se rigen en Andalucía las piscinas de uso colectivo, que se encuentra recogida en el Decreto 23/1999, de 23 de febrero, por el que se aprueba el Reglamento Sanitario de las Piscinas de Uso Colectivo.

Esta normativa resulta de obligado cumplimiento tanto para las piscinas públicas como para aquellas piscinas privadas que pertenezcan a comunidades de vecinos de veinte o más viviendas, quedando excluidas las piscinas privadas de uso unifamiliar o plurifamiliar pertenecientes a comunidades de vecinos de menos de veinte viviendas, las de baños termales, centros de tratamiento de hidroterapia y otras dedicadas exclusivamente a usos médicos, así como las dedicadas exclusivamente a usos y competiciones deportivas, que estarán sometidas a su normativa específica.

Se hace alusión, al comienzo de la regulación de las piscinas de uso colectivo, al aforo máximo de las mismas. Todas las piscinas de uso colectivo tienen un aforo limitado, equivalente a un usuario por cada dos metros cuadrados de superficie, el cual debe exponerse en un lugar visible, tanto en la entrada de la piscina como en su interior. Lógicamente, el citado aforo se refiere al interior de la piscina (denominado vaso de la piscina), pues nada dice la normativa del aforo que ha de tener el recinto exterior. No obstante, si ya es extraño que se exponga un rótulo con el aforo máximo, más raro aún es que, existiendo tal rótulo, se respete el aforo permitido.

Todavía no he conocido a nadie que se dedique a contar el número de personas que hay dentro de la piscina antes de darse un baño, más que nada porque cuando aprieta el calor y uno tiene una piscina cerca…como que no apetece ponerse a sumar. Pero, sarcasmos aparte, la mejor manera de evitar sustos innecesarios, es tomando las debidas precauciones. Si la normativa ha establecido un aforo determinado, habrá que creer, aunque ya se que les pido demasiado, que existen razones fundadas para que el legislador haya establecido ese aforo, y no otro. En cualquier caso, siempre cabe la posibilidad del cálculo “a ojo de buen cubero”.

Es preciso, asimismo, que las piscinas de uso colectivo tengan una zona cuya profundidad sea inferior a un metro cuarenta centímetros, donde pueden hacer pie incluso los más bajitos. Los cambios de pendiente serán moderados y progresivos y estarán señalados, así como los puntos de máxima y mínima profundidad, mediante rótulos u otro tipo de señalización, que serán visibles desde dentro y fuera del vaso.

Por su parte, la superficie que circunda el vaso de la piscina habrá de tener una anchura mínima de un metro, será necesariamente de material antideslizante y su diseño deberá impedir que se formen encharcamientos y que haya vertidos al interior del vaso de la piscina. Quizá les resulte curioso saber que está prohibida la existencia de canalillo lavapiés circundante al vaso de la piscina. Si bien es cierto que las piscinas de reciente construcción no lo tienen, las más antiguas siguen haciendo uso, en contra de lo que establece la normativa que venimos analizando, de ese rudimentario canalillo que, más que para enjuagar los pies, servía (y en algunos casos sigue sirviendo) para tener una primera toma de contacto con el agua antes del chapuzón.

Para el acceso y la salida del vaso de la piscina existirá, como mínimo, una escalera de material inoxidable cada 25 metros de perímetro de la piscina, con peldaños de superficie plana y antideslizante, alcanzando bajo el agua la profundidad suficiente para subir con comodidad.

Además, la normativa exige que haya un número de duchas y de flotadores salvavidas que será, como mínimo, igual al de escaleras. Este es uno de los preceptos que más suele incumplirse, sobre todo en lo que a salvavidas se refiere, ¿han contado alguna vez los flotadores salvavidas de la piscina a la que suelen acudir?

No obstante, para los que no depositamos muchas esperanzas en los referidos flotadores salvavidas, hay otro tipo de salvavidas, de carne y hueso, que afortunadamente no suelen faltar en las piscinas de uso colectivo. Habrán de contar con la correspondiente titulación válida para el desarrollo de actividades de salvamento y socorrismo acuático. El socorrista está encargado de la prevención, vigilancia y actuación en caso de accidentes, prestación de primeros auxilios, y responsabilizado del mantenimiento del local de primeros auxilios y del armario botiquín.

Como decía, es inusual que una piscina colectiva no esté bajo la atenta vigilancia del socorrista, aunque también es cierto, todo hay que decirlo, que algunas piscinas permanecen en funcionamiento incluso durante las horas que el socorrista se ausenta. La normativa obliga a que durante el horario de funcionamiento esté presente, en todo momento, el personal socorrista, precepto con el que debemos ser muy celosos e inflexibles, máxime cuando hay menores en el recinto. Por ello, si un solo socorrista no pudiera cubrir todas las horas que la piscina permanece en funcionamiento, deberemos exigir la presencia de un segundo socorrista.

En lo que respecta a las piscinas infantiles o de “chapoteo”, estarán destinadas a menores de seis años, sin perjuicio de su acompañamiento o vigilancia, y tendrán una profundidad que no podrá ser superior a cuarenta centímetros.

El agua de llenado de los vasos procederá de la red pública de distribución de agua de consumo, siempre que sea posible. Si tuviera otro origen, será preceptivo un informe sanitario favorable del Delegado Provincial de la Consejería de Salud sobre la calidad del agua utilizada. En cualquier caso, recibirá un tratamiento adecuado, debiendo ser filtrada y desinfectada. No será irritante para la piel, ojos y mucosas, y, en cualquier caso, deberá cumplir requisitos de calidad muy específicos que se recogen en el Anexo 1 del Decreto 23/1999, que venimos analizando.

A modo de conclusión, recordarles que cuando acabe la temporada de baño, los vasos de las piscinas deberán permanecer protegidos mediante lonas u otros sistemas de cerramiento con objeto de prevenir accidentes. Entre tanto, tengan refrescantes chapuzones y…cuidado con el bordillo.